lunes, 24 de noviembre de 2014

NÚMERO 305 NOVIEMBRE  24 DE  2014 (LUNES)   
Director
Bernardo A. Rendon  Restrepo
bernal.rendon@hotmail.com
Editora y Asesora
Alba Hoyos Botero 

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SEAMOS SERIOS, SANTOS



El Presidente emplea de mil modos la bandera de la solución civilizada al conflicto armado. Manifiesta su devoción por figurar en la historia como el hombre que consiguió la paz. Riñe incluso con los declarados defensores de la solución militar. Pacta con la insurgencia una Agenda sobre la cual realizar conversaciones definitivas. Se ufana de los avances alcanzados y habla de perseverar. Hasta promociona en el exterior el post conflicto.

Sin embargo, su actitud y sus hechos resultan mucho más reveladores que sus palabras. Una sola idea parece obsesionarlo, rendir la insurgencia, obligarla al desarme, la entrega y la desmovilización. Es el único resultado que para él cabe asimilar con la paz. La Mesa de La Habana se revela así para el gobierno nacional, como el escenario que facilitará la mecánica ordenada de la admisión de su derrota por parte de la guerrilla de las FARC-EP.

No lo expresan abiertamente, pero a estas alturas resulta imposible ocultarlo. El paso del tiempo, como las corrientes, va revelando lo que se esconde bajo el agua. Basta con examinar la conducta y las palabras tanto del Presidente Santos como del señor De La Calle, con relación a los dos casos más recientes del accionar de las FARC, en Arauca con los dos soldados y en el Chocó con el general, para despejar cualquier duda al respecto.

El Presidente siempre fanfarroneó con la consigna israelí de dialogar como si no hubiera guerra y hacer la guerra como si no hubiera diálogos. Negociar en medio del conflicto ha sido su posición permanente desde las primeras aproximaciones. Las reglas del juego que siempre reclamó fueron las que nada de lo que ocurriera en los campos de batalla tendría por qué afectar el curso de las conversaciones. Impuso incluso que las conversaciones en La Habana fueran ininterrumpidas.

Así quedaron excluidas de entrada en el Acuerdo General las posibilidades de congelamientos o suspensiones. Lo cual no excluyó su derecho a ordenar al alto mando militar, al menos una o dos veces por semana en sus discursos, arreciar con toda su fuerza y poder contra las FARC. El Presidente nunca ha cesado de proclamarse como el primer enemigo nuestro, el que más nos ha golpeado, el que ha conseguido matar medio centenar de mandos de todas las categorías.

Así que nada podía argumentar en contra del accionar militar de las FARC contra unidades del Ejército Nacional, en ejercicio de sus actividades de guerra y en sus áreas de operaciones. Pero decidió hacerlo, ordenando la suspensión del proceso y violando en forma flagrante no sólo su propia retórica sino los términos del Acuerdo General. La guerra vale y se aplaude si proviene del Estado, pero resulta reprochable si la realiza el adversario atacado. La ley del embudo.

Poner como condición para reanudar un proceso suspendido arbitrariamente, que la contraparte haga rápida entrega de sus prisioneros de guerra, equivale a un secuestro del proceso de paz por el Presidente. Y responder como lo ha hecho a sus críticos, que ponen de relieve la importancia de concertar un cese bilateral de fuegos para evitar ese tipo de sobresaltos, pone de manifiesto que el proceso de paz no es más que un simple instrumento en una estrategia final de guerra.

A la respuesta afirmativa de las FARC, que marca sin duda un hito en nuestro modo de obrar en ese tipo de situaciones, el gobierno nacional corresponde con una irracionalidad absoluta. Nuestros  voceros en La Habana se reunieron con los enviados de Santos y los garantes, en un  gesto que muy pocos valoran si se tiene en cuenta la suspensión unilateral de los diálogos por el gobierno, y de manera ágil concertaron procedimientos y protocolos para las liberaciones.

Pero el gobierno ha dispuesto paralelamente una operación militar sin precedentes, que no se detiene ni siquiera para posibilitar la realización de lo pactado entre las dos partes. La militarización del Atrato, los sobrevuelos, bombardeos y ametrallamientos crecen en ferocidad. Se insiste en un rescate por la fuerza, quizás en precipitar una desgracia que ninguno desea. Esa es la verdadera catadura del régimen. No hay que llamarse a engaños, Santos juega a lo mismo.

Como sucede con la Mesa y el Proceso, Santos pacta los protocolos, pero insiste en arrebatar por la fuerza los prisioneros, obstaculizando objetivamente el cumplimiento de aquellos. Es decir, viola nuevamente lo pactado. La realidad desbordó las reglas del juego defendidas por el gobierno. El Presidente, con su suspensión, tumbó el tablero donde jugábamos la partida, destruyó la confianza. Las cosas no podrán reanudarse así no más, habrá que hacer diversas consideraciones.

Qué difícil, cuán complicado resulta hacer comprender al Estado colombiano, a su gobierno, a las clases en el poder, que el conflicto de medio siglo al que buscamos poner fin con este proceso, se explica por unas causas que lo originaron y sostienen. Y que entre esas causas, haciendo un poco de lado la inequidad y las injusticias galopantes en el país, la más destacable es la intolerancia política, la persecución declarada contra quienes plantean alternativas distintas al régimen.

La violencia oficial, por vía militar, policial o paramilitar, se encuentra en la base del alzamiento armado nuestro. Estamos convencidos de que esta guerra no se hubiera producido jamás si el crimen y la persecución no se hubieran ensañado sistemáticamente contra los personeros de la oposición al régimen oligárquico. Ha sido tanta y tan reiterada la intención oficial de aniquilar la inconformidad, que se volvió legítimo apelar al recurso de las armas para hacer política.

Allí centramos las FARC el núcleo del proceso de paz. Desmontemos todas las formas de violencia política en nuestro país. La oficial y la insurgente. Reconozcamos las responsabilidades que quepan por ellas, ante el mundo, la nación y las víctimas. Hagamos hasta lo imposible por resarcir estas últimas. Pero abramos definitivamente las puertas al ejercicio de la oposición política a todas las corrientes, con plenas garantías, sin excluir a ninguno, pacífica y legalmente.

Aun el día de hoy vuelven a insistirnos en muestras de paz, en gestos contundentes que demuestren nuestra voluntad de reconciliación. Como si fuera poca cosa haber recibido al enviado del Presidente, después que nos insulta públicamente y suspende el proceso de paz en violación abierta a lo acordado. Como si no valiera nada haber continuado conversando pese a que el Presidente ordenó el asesinato de nuestro Comandante Alfonso Cano.


Gestos de paz. Lo que se hace insostenible es que el Presidente se siga ufanando de matar y matar, mientras obra con histeria porque se le responde con dignidad. Seamos serios, Santos.


TIMOLEÓN JIMENEZ
COMANDANTE DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
Montañas de Colombia, 22 de noviembre de 2014.
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La información e imágenes publicadas en esta revista están extractadas de la Internet, principalmente de Google,   El Colombiano, El Barquero de Eje21, El Tiempo, El Campanario, de la página censurada de Juan Paz, CLARIN de Argentina, EL UNIVERSO de Ecuador, El Informador desde Santa Marta, Portafolio  y demás prensa y a la vez vía email.  Si hay algún error o queja, se puede contactar con nosotros en   avizor2012@gamil.com. Además, los artículos y opiniones que se publican en cada edición,  es de responsabilidad exclusiva de cada articulista y en ninguna forma comprometen el pensamiento editorial del Director de OJO AVIZOR. NOSOTROS NO PLAGIAMOS LO ÚNICO QUE HACEMOS CON TODO RESPETO, ES REPRODUCIR LOS COMENTARIOS U ARTÍCULOS  QUE POR SU INTERÉS AMERITE SER RESALTADOS, RECONOCIENDO QUIEN ES EL AUTOR DEL MISMO.

















lunes, 17 de noviembre de 2014

NÚMERO 304 NOVIEMBRE 17 DE  2014 (LUNES)   
Director
Bernardo A. Rendon  Restrepo
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Editora y Asesora
Alba Hoyos Botero 
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LAS 40 ESPOSAS DEL FUNDADOR DE LOS MORMONES Y OTROS "SECRETOS" DE LA RELIGIÓN

Joseph Smith, Emma

Ni una, ni dos, ni tres. El fundador de la iglesia mormona Joseph Smith llegó a tener 40 esposas.
En un ensayo publicado en su página web, la iglesia asegura que entre sus cónyuges hubo una niña de 14 años y también algunas mujeres que ya habían contraído matrimonio.
La iglesia mormona prohibió la poligamia en 1890 y ahora excomulga a quienes la practican.

Anteriormente Smith había sido retratado como un hombre devoto y fiel a su primera esposa Emma. Sin embargo, esta no es la primera vez que la iglesia admite su poligamia.

 Joseph Smith, Emma

En un ensayo publicado en su página web, la iglesia asegura que entre sus cónyuges hubo una niña de 14 años y también algunas mujeres que ya habían contraído matrimonio.

La iglesia mormona prohibió la poligamia en 1890 y ahora excomulga a quienes la practican.

Anteriormente Smith había sido retratado como un hombre devoto y fiel a su primera esposa Emma. Sin embargo, esta no es la primera vez que la iglesia admite su poligamia.


CONMOCIÓN


En el texto titulado "Matrimonio plural en Kirtland y Nauvoo" se lee lo siguiente: "Joseph contrajo nupcias con esposas adicionales y autorizó a otras iglesias de los Santos de los Últimos Días a practicar el matrimonio plural".
Y continúa: "El matrimonio plural fue difícil para todos los involucrados. Para Emma fue un doloroso tormento".
La mayoría de las mujeres tenía entre 20 y 40 años cuando Smith se casó con ellas.
La más joven fue Helen Mar Kimball, la hija de dos amigos cercanos, con quien contrajo nupcias meses antes de que ella cumpliera 15 años.

Es probable que Joseph Smith -a quienes los mormones consideran un profeta- no haya tenido relaciones sexuales con todas sus esposas, pues "algunas estaban reservadas solo para la próxima vida", explica el ensayo.
La religión mormona, cuya sede principal se encuentra en el estado de Utah (Estados Unidos), es conocida oficialmente como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y tiene más de 15 millones de miembros.
LA IGLESIA MORMONA

Mormones
§  Ya no acepta la poligamia y excomulga a quien la practique
§  No permite a sus miembros fumar o beber alcohol
§  El té y el café también están prohibidos
§  El 10% de los ingresos debe entregarse a la iglesia
§  El sexo homosexual no está permitido
§  A las parroquias se les llama congregaciones

§  Las mujeres no pueden ser sacerdotes, pero sí misionarias
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La poligamia fue muy practicada por los hombres de la iglesia durante varias décadas del siglo XIX, pero estas revelaciones han conmocionado a sus miembros.
Emily Jensen, una bloguera y editora en Farmington Utah, dijo al diario The New York Times que los mormones han hecho comentarios en redes sociales del tipo: "Esta no es la iglesia en la que crecí, este no es el Joseph Smith que amo".
  Mormones
Si bien la práctica de la poligamia se abandonó en 1890, el concepto se mantiene. Un hombre puede estar casado o "reservado" para más de una mujer después de la muerte, pero no al revés.


Los líderes de la iglesia aseguran que el ensayo es un intento por ser transparentes y veraces con sus miembros.


ROPA INTERIOR ESPECIAL
Otros detalles relacionados con temas "secretos" y sensibles de la religión han sido revelados en ensayos publicados en la página web de la iglesia durante el último año.
Uno tiene que ver con la ropa interior blanca -una camiseta y un short- que deben usar bajo el traje con el que asistan al templo y que siempre deben mantener fuera de la vista del público.
 Ropa blanca
A finales de octubre, un video inusualmente franco las describe como prendas parecidas a las que se utilizan en otras religiones, como el hábito de una monja o las túnicas color azafrán de los monjes budistas.
Los chistes relacionados con el hecho de que los mormones creen que estas prendas tienen poderes especiales son considerados ofensivos.

"No hay nada mágico o místico sobre las prendas de templo", se escucha en la grabación.
MILICIAS Y SU PROPIO PLANETA

Otro ensayo asegura que los mormones crearon una milicia armada -"los danitas"- luego de que fueran perseguidos en las décadas de 1830 y 1840.
El texto, sin embargo, asegura que fue creada en un contexto en el que operaban otras milicias, de modo que los rumores sobre "una sociedad secreta de justicieros mormones" son infundados.
En el escrito también se describe cómo en 1857, un grupo de mormones emboscó y mató a 120 emigrantes, incluyendo mujeres y niños. Un crimen que se conoce como "la masacre de Mountain Meadows".
"En los últimos años, la iglesia ha hecho esfuerzos diligentes para aprender todo lo posible acerca de la matanza", dice el texto, donde también se mencionan otros hechos violentos que no habían sido admitidos anteriormente.
Una de las frases del musical de Broadway, The Book of Mormon, afirma lo siguiente: "Creo que Dios tiene un plan para todos nosotros. Creo que ese plan implica conseguir mi propio planeta".

The Book of Mormon

La popular creencia de que los mormones irán a su propio planeta cuando mueran, se aborda en el ensayo "Llegar a ser como Dios".
Allí se explica que los mormones creen que los humanos pueden llegar a ser como Dios en la eternidad, "pero la imagen caricaturesca de gente recibiendo su propio planeta" no es exactamente lo que contemplan.

"Los miembros de la iglesia imaginan una exaltación que no está relacionada con imágenes, sino con las relaciones que tienen en la actualidad y cómo esas relaciones pueden purificarse".
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viernes, 14 de noviembre de 2014

NÚMERO 303 NOVIEMBRE 14 DE  2014 (VIERNES)   
Director
Bernardo A. Rendon  Restrepo
bernal.rendon@hotmail.com
Editora y Asesora
Alba Hoyos Botero 

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SANTOS, VARGAS, URIBE Y PETRO CAEN EN IMAGEN

Según la encuesta Colombia Opina, la imagen desfavorable que tienen los colombianos de estos dirigentes es mayor que su imagen favorable.

Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras, Álvaro Uribe y Gustavo Petro. 
Hay algo en lo que hoy coinciden el presidente Juan Manuel Santos, el expresidente Álvaro Uribe, el vicepresidente Germán Vargas Lleras y el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro: la imagen poco favorable que de ellos tiene la mayoría de los colombianos.

Hay algo en lo que hoy coinciden el presidente Juan Manuel Santos, el expresidente Álvaro Uribe, el vicepresidente Germán Vargas Lleras y el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro: la imagen poco favorable que de ellos tiene la mayoría de los colombianos.

Así lo revela la Gran Encuesta Colombia Opina, de la firma Ipsos para la alianza de medios Noticias RCN, RCN La Radio, La FM y SEMANA. En el trabajo, que consultó la opinión 1.009 ciudadanos, estos cuatro dirigentes salieron muy mal librados.

Según los resultados, el presidente Juan Manuel Santos tiene una imagen desfavorable del 56 %, el mismo porcentaje que manifestó sentirse insatisfecho con su gestión.

Aunque la imagen favorable es del 40 %, no registra un descenso vertiginoso frente a sondeos anteriores, dado que se ha mantenido alrededor de este porcentaje.

Sólo en septiembre del 2013, luego del paro agrario, el mandatario registró su punto de favorabilidad más bajo, cuando registró una imagen favorable de sólo el 23 %.

Por si fuera poco, el 67 % de los encuestados considera que Juan Manuel Santos no cumplió lo que le prometió a los colombianos al inicio de su mandato. Y además el clima de escepticismo sobre la situación del país también ha vuelto a crecer, pues el 55 % considera que el país va por mal camino.

Hay una asignatura en la que los encuestados rajan severamente al actual gobierno y es la política de seguridad. Y aunque no es sólo competencia del gobierno central, el 80 % de los encuestados desaprueba la forma cómo el gobierno Santos ha afrontado la problemática.

Pese a esto, la encuesta revela un indicador muy favorable para el actual gobierno: el proceso de paz con las FARC en La Habana.

Tras los últimos episodios, en los que se ha conocido el contenido de los acuerdos parciales y se supo de la visita de ‘Timochenko’, el jefe máximo de esa guerrilla a la capital cubana, los colombianos son más optimistas frente a estos diálogos.

El 42 % de los encuestados se declaró optimista de que el Gobierno y las FARC llegarán a un acuerdo.


Este clima favorable se incrementó en 9 puntos desde la medición del pasado mes de abril, cuando el nivel de optimismo estaba en el 33 %. El pesimismo bajó 10 puntos en siete meses, del 63 % al 53 %. Sin embargo, la conclusión es que aún es más elevado el nivel de pesimismo frente al proceso de paz.

La encuesta Ipsos también reveló que la imagen de Álvaro Uribe, el presidente con mayor popularidad de la historia del país, ha bajado desde que decidió regresar al ruedo político como senador de la República. 

Tanto así que en esta medición registró sus peores índices históricos. Su imagen favorable bajó al 41 %, un punto más que el presidente Santos, y su imagen desfavorable se trepó al 50 %. En abril de este año la imagen favorable del expresidente era del 57 %, ahora, como senador, descendió 17 puntos.

De otro lado, la política del gobierno Santos mejor calificada por los encuestados fue la de vivienda, con una aprobación del 54 %. Esa cifra haría pensar que la imagen favorable de quien ha personificado este frente, el actual vicepresidente, Germán Vargas Lleras, sería similar, pero no fue así. En esta encuesta, la mala imagen de Vargas Lleras también creció.

El 39 % de los consultados tiene una imagen favorable del vicepresidente, mientras que el 45 % dijo tener una imagen desfavorable. El descenso de Vargas Lleras es drástico si se tiene en cuenta que en abril, cuando era fórmula de Santos, su imagen favorable era del 46 %, es decir, descendió 7 puntos. Mientras que su imagen desfavorable era de 21 %, creció 24 puntos.

A otro que no le fue nada bien fue al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Su imagen desfavorable es una de las más altas: 60 %. Sólo el 28 % tiene una imagen favorable del alcalde de Bogotá.

La encuesta también dejó muy mal parados a la Justicia y al Congreso. El 77 % de los encuestados no confía en la justicia colombiana, el 73 % desconfía de las altas Cortes. El 75 % manifestó no tener confianza en el Congreso de la República, y el 66 % dijo tener imagen desfavorable del Legislativo. Mientras que el 68 % desconfía del Gobierno Nacional.

La institución que mayor prestigio tiene entre los ciudadanos, según la encuesta, son las Fuerzas Armadas, el 50 % dijo tener confianza en ellas, y el 58 % tiene una imagen favorable.
En la encuesta también se evaluó la imagen de los ministros del gabinete; la mejor librada fue la ministra de Educación, Gina Parody, pues el 43 % aprueba su gestión.
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¿POR QUÉ URIBE NO LE RESPONDE A SANTOS?

Álvaro Uribe no ha aceptado ni ha dado muestras de que le interese, la invitación que le hizo el presidente Santos a dialogar.

El senador desestima y no responde la invitación que le hizo el Presidente a dialogar.

A juzgar por la actitud del senador Álvaro Uribe y por lo que dicen algunos miembros de su equipo inmediato, la posibilidad de que el exmandatario acepte la invitación del presidente Juan Manuel Santos de entablar un diálogo sobre la paz, es remota.
Incluso, es posible que primero se firme el acuerdo sobre el fin del conflicto con esa guerrilla a que Uribe acepte sentarse a manteles con quien es hoy su principal contradictor político.
Uribe simplemente no responde las preguntas que se le hacen sobre el llamado de Santos. Las desestima. A su vieja usanza, cuando los periodistas lo han interrogado sobre el tema, él ha respondido con críticas puntuales a los acuerdos parciales de La Habana o, sencillamente ha dicho generalidades.
Cuando los reporteros lo abordaron para conocer su opinión sobre la invitación que Santos le hizo a través de su cuenta en Twitter, el jefe del Centro Democrático aludió a la importancia de una carta que le envió el reconocido dirigente conservador Álvaro Leyva, muy conectado con la guerrilla de las Farc, en la que lo invita a apoyar la búsqueda de la paz.
A manera de sátira, Uribe recalcó que aunque Leyva piensa muy distinto a él, “no habla con engaños”, como sugiriendo que Santos sí lo hace.
Uribe ha acusado a Santos, de manera sistemática, de engañarlo. No hay confianza.
Coincidencialmente, las ocasiones en que los periodistas lo han abordado para preguntarle si va a hablar con Santos, el congresista ha tenido la carta de Leyva en sus manos. Y la enseña.
El mensaje no deja dudas: ‘Prefiero responderle a Leyva que a Santos’, parece decir el jefe de Centro Democrático.
A nadie del círculo cercano de Uribe se le ocurre pensar que esa cita podría ser posible. Y tampoco, a nadie, se le ocurre aconsejarlo que lo haga.
El excandidato a la Vicepresidencia por Centro Democrático, en las pasadas elecciones, Carlos Holmes Trujillo, en columna que publica el portal Kien y Ke este miércoles, se preguntó: “¿Qué pretende, entonces, el Presidente Santos, con la invitación pública que le ha hecho a Uribe?”.
Y a manera de pregunta Trujillo deja aflorar sus dudas sobre la propuesta de Santos. “¿Dio un paso apenas mediático?”.
Tal vez con la esperanza de que la cita resultara, el dirigente uribista advierte que “si hay grandeza sería trascendental para la nación”, pero también anota que “en el caso de que se trate apenas de un cálculo coyuntural, sería malo para el país y profundizaría las diferencias”.
Hay quienes creen que Santos no tuvo interés genuino en invitar a Uribe a dialogar sobre un tema tan “grueso” (el proceso político más importante del país), por la forma en que lo hizo: vía Twitter.
El senador Ernesto Macías, quien actúa como ‘escudero’ de Uribe, descartó que se pueda producir un encuentro amistoso entre los dos, y lo que propuso fue un “debate público, sin condiciones y sin moderadores (…) porque no estamos de acuerdo con lo que está pasando en La Habana".
En esta misma dirección se expresó la senadora Paloma Valencia, también de la bancada uribista. “Yo considero que no tiene por qué haber acercamientos. Las diferencias políticas no son como los noviazgos que se arreglan yéndose a comer; las diferencias políticas se hacen en las plazas públicas, en los escenarios públicos, a través de los medios de comunicación, en los debates del Congreso y las decide el proceso colombiano”.
El comentario generalizado de los miembros de la bancada uribista, en el sentido de que las diferencias sobre el proceso de La Habana deben hablarse en debates públicos, abiertos, más bien parece una directriz del partido y de su jefe (Uribe) que comentarios personales.
Pero ese debate parece haber comenzado precisamente en el Senado en las últimas horas. La bancada de gobierno, acompañada incluso por sectores como el Polo hizo duros cuestionamientos al uribismo, no solo por sus 52 objeciones al diálogo de La Habana, sino por no haber aceptado la cita en Palacio.
"Con la soberbia y la altanería es difícil hablar sobre este proceso", dijo el senador Iván Cepeda (Polo) al referirse a la posibilidad de ese diálogo.
La invitación
Salvo el trino en el que Santos invitó a Uribe a hablar sobre el proceso de paz (“Invito al senador @AlvaroUribeVel a que nos reunamos y hablemos, con criterio patriótico, de paz”) las conversaciones de los dos líderes han sido tirantes.
Un día antes de la comunicación por Twitter, Santos había acusado a Uribe de decir “mentiras” en su documento de 52 observaciones al proceso de paz, el cual ya pasó a 62.
En el pasado, otros intentos de comunicación entre Santos y su antecesor, más cuidadosos con el protocolo, también fracasaron. Uribe se ha negado de manera rotunda a sentarse a hablar con Santos.
La última vez que Uribe y Santos hablaron fue a finales de 2010, en la casa del primero, en Rionegro (Antioquia). Aunque ya se sabía de su distanciamiento, no se había producido tanta recriminación de lado y lado, como ocurre en la actualidad.
Si bien entre Uribe y Santos ahora afloran diferencias de tipo ideológico (en el pasado cohabitaron con ellas) como la manera de enfrentar el conflicto (el primero privilegia la fuerza y el segundo el diálogo; lo que para Uribe es una "amenaza terrorista" para Santos es un "conflicto armado"), también hay razones políticas y personales.
Sí, diferencias políticas en la medida en que al expresidente lo que le importa es recuperar el poder pleno para poner en marcha sus políticas públicas, como la "seguridad ciudadana", que aliados suyos como José Obdulio Gaviria consideran "doctrinas" y que a su juicio, Santos ha “traicionado”.
A Uribe nunca le gustó que Santos haya incorporado a su gobierno a enemigos políticos suyos como Germán Vargas Lleras, uno de los principales responsables de no haber continuado su seguidilla de reelecciones. Y menos que lo haya convertido en su principal aliado político, hoy Vicepresidente de la República.
Y menos que haya hecho del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez (q.e.p.d.) su “nuevo mejor amigo”.
Uribe no le perdona a Santos que haga de sus enemigos sus aliados.
Pero, además, en el fondo, lo que Uribe no acepta es que sus votos hayan elegido un Presidente que se le salió del libreto. A eso es que Uribe llama “traición”.
Como dijo el editorial de EL TIEMPO, desde muy temprano, Uribe se convirtió en el “opositor de Santos”.
Su disputa política con Santos quedó sellada cuando en la reciente contienda por la Presidencia lideró personalmente la campaña que llevó a su candidato, Óscar Iván Zuluaga, a ganar la primera vuelta. Y a obtener casi el 50 por ciento de la votación total en la segunda vuelta.
Uribe tiene como propósito inmediato ganar el mayor número de alcaldías y gobernaciones y curules en asambleas y concejos, en octubre de 2015, como antesala del gran debate presidencial en 2018.
Y en lo personal, como lo ha reiterado, Uribe siente que Santos lo engañó. No le tiene confianza.
Y aunque en la política siempre puede ocurrir lo increíble, hoy casi nadie le apuesta a que la cita Uribe-Santos pueda darse de un momento a otro.
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